b u s c a r

20 de febrero de 2012

estación lunar

Estoy tomando un taller de escritura creativa. Muchos de los ejercicios en las clases consisten en permitir desbloquearte; escribir, escribir, escribir. A veces escribimos sobre algún escenario, otras sobre alguna canción, otras sobre fotografías. Aprender a soltar la pluma, todo es a mano, nada de computadoras. En mi caso, no siempre escribo cosas que me gusten; no tengo tiempo de corregirlas, de pensar en un final, de escoger las palabras adecuadas. Mi cuaderno se está llenando de tachones, de garabatos, de dibujos mal hechos en lo que finjo que sí se me ocurre qué escribir. Se indica el ejercicio, todos se ponen a escribir, cinco minutos después plumas abajo, y el salón comparte sus palabras.

Hubo una (varias, la verdad), que yo no compartí. Era una foto, bastante simple, bastante vaga, y a la historia que surgió le sigo dando vueltas. Creo que se quedó con ganas de salir del cuaderno y de mis tachones.


La fotografía proyectada era muy parecida a esta:


Las líneas que salieron, igualito que en el cuaderno:


Odio la forma en que me ignora, eso sin duda, pero odio diez veces más la forma en que finge entender aquello que acaba de ignorar. Fueron 17, die-ci-sie-te, las veces que le repetí el nombre y la ubicación de las constelaciones que alcanzábamos a ver desde la caja de la camioneta. "Osa Mayor, entendido"– me decía y apartaba el telescópio de mi cara para poderme dar otro beso. Le contestaban mis labios, y lo empujaba suavemente de los hombros, haciéndome espacio para poder ver a través de la mirilla y hacia la oscuridad del espacio. Él suspiraba de aburrición. Le pasé la botella de whiskey sin apartar la mirada de los puntos brillantes, para que al menos se distrajera con algo. A los tantos tragos se rindió de intentar atraer mi atención y cayó dormido. 


-[creo que me hubiera gustado estar ahí.]

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